La final volvió a enfrentar a Barcelona y Real Madrid, y esta vez el momento fue decisivo.
El equipo de Hansi Flick mostró mayor cohesión, velocidad ofensiva y claridad táctica para imponerse 3-2, con Raphinha como figura y Lewandowski apareciendo en el momento justo.
El Real Madrid respondió con carácter y goles de Vinícius y Gonzalo García, pero dejó la sensación de depender demasiado de chispazos individuales.
Barcelona, en cambio, jugó como bloque, dominó los tiempos clave y levantó el trofeo enviando un mensaje directo: cuando este Barça se conecta, es un rival temible en cualquier escenario.






















