El Thursday Night Football dejó una sacudida: los Texans derrotaron 23–19 a unos Bills que siguen perdiéndose en sus propios errores.
Buffalo volvió a trabarse en terceras oportunidades, volvió a padecer desconexiones ofensivas y volvió a mostrar un patrón que ya compromete su temporada.
Es una derrota que no solo preocupa por el marcador, sino por la repetición de fallas que nunca se corrigen.
Houston, en cambio, jugó con madurez y disciplina.
Su defensiva fue un muro que presionó, golpeó y obligó a los Bills a improvisar jugada tras jugada.
Cada ataque detenido aumentó la ansiedad de Buffalo, que nunca pudo establecer ritmo.
Para los Texans, es un triunfo que fortalece su confianza; para los Bills, es una señal de alarma en el peor momento del calendario.






















