Una tormenta invernal golpeó con fuerza los campamentos de desplazados en Gaza, dejando tiendas inundadas, pertenencias empapadas y temperaturas en descenso que agravaron el sufrimiento de miles de familias. El agua subió hasta las rodillas en varios puntos, arrastró basura y aguas residuales, y convirtió los improvisados refugios en espacios inhabitables. “Nos hemos ahogado… no tenemos ropa ni colchones”, relató Um Salman Abu Qenas, una madre desplazada desde Jan Yunis, quien aseguró que su familia no pudo dormir por la inundación dentro de su tienda.
Los grupos humanitarios insistieron en que la ayuda que ingresa a Gaza sigue siendo insuficiente, señalando que Israel no ha cumplido la entrega diaria de 600 camiones establecida en la tregua, aunque el gobierno israelí niega el incumplimiento. La Unrwa advirtió que el frío, la sobrepoblación y la falta de saneamiento están elevando el riesgo de enfermedades e infecciones, recordando que gran parte del sufrimiento actual podría evitarse con la entrada irrestricta de ayuda humanitaria, incluidos medicamentos y refugios adecuados.
La tormenta sorprendió a numerosas familias en Muwasi, donde la lluvia se filtró por los techos de las tiendas y empapó colchones y alimentos. Sabreen Qudeeh contó que sus hijas despertaron gritando, mientras que Ahmad Abu Taha confirmó que prácticamente no existía una sola tienda sin inundación. En paralelo, en el centro-sur de Israel, las lluvias atraparon a conductores y provocaron lesiones leves a dos niñas por la caída de un árbol, un contraste que evidenció la vulnerabilidad extrema en Gaza.
La magnitud del daño quedó aún más clara cuando al menos tres edificios ya afectados por bombardeos colapsaron parcialmente bajo la lluvia, según la Defensa Civil Palestina, que pidió a la población evitar permanecer en estructuras inestables. La misma dependencia reportó más de 2 mil 500 llamadas de auxilio por tiendas destruidas o inundadas. Habitantes como Abu Mohammad Abu Taha aseguran que no reciben respuesta de ninguna autoridad y suplican la intervención de cualquiera que pueda ayudarlos a evitar una tragedia mayor.
Mientras tanto, organizaciones humanitarias sostienen que Israel no permite la entrada suficiente de materiales para reconstruir o reforzar los refugios tras años de guerra. Aunque Israel afirma haber permitido el ingreso reciente de miles de lonas y tiendas, el Shelter Cluster contradice esas cifras y detalla que solo unas 15 mil tiendas han entrado mediante la ONU y ONG internacionales, muy por debajo de las 300 mil consideradas necesarias. Además, acusan que tampoco se permite la entrada de bombas de agua, vitales para desalojar las inundaciones.
Amjad al-Shawa, de la Red de ONG Palestinas, subrayó que la población necesita urgentemente ropa de invierno y refugios adecuados, mientras que Hamas afirmó que muchas tiendas ya están desgastadas tras más de dos años de conflicto. Khaled Mashaal insistió en que Gaza requiere con urgencia maquinaria pesada para remover escombros, rehabilitar hospitales y abrir el cruce de Rafah, que permanece cerrado pese al compromiso israelí de reabrirlo.
Mashaal también pidió avanzar a la segunda fase del alto al fuego, que incluye el inicio formal de la reconstrucción, afirmando que el sufrimiento actual exige medidas inmediatas. Sin embargo, los avances siguen truncados por las exigencias cruzadas: el gobierno de Benjamin Netanyahu insiste en que Hamas debe entregar el cuerpo de un último rehén antes de continuar, mientras que Hamas exige la apertura de los cruces fronterizos y el fin de los ataques en el territorio.
En este escenario, los líderes regionales advierten que el tiempo es crítico para salvar el acuerdo de tregua. Pero, mientras las negociaciones siguen empantanadas, las lluvias y el frío continúan golpeando a una población desplazada casi en su totalidad, atrapada entre la devastación, la escasez de ayuda y un clima invernal para el que no tiene protección alguna.






















