Durante años, el debate sobre si el café regular o el descafeinado es la opción más saludable generó opiniones divididas entre consumidores y especialistas. Las dudas se centraron principalmente en el efecto de la cafeína y en si el proceso de descafeinización alteraba los beneficios nutricionales de la bebida. Hoy, la evidencia científica ofrece respuestas más claras.
La principal diferencia entre ambas variedades es el contenido de cafeína. Según especialistas en nutrición, este factor resulta determinante para quienes buscan limitar el consumo de estimulantes. Mientras el café regular contiene una cantidad elevada de cafeína, el descafeinado reduce significativamente su presencia, aunque no la elimina por completo.
Una taza de café descafeinado de 240 mililitros aporta entre dos y diez miligramos de cafeína, frente a los 95 a 165 miligramos que puede contener la misma cantidad de café regular. Esta diferencia explica por qué el descafeinado suele recomendarse a personas sensibles a la cafeína o con restricciones médicas.
En términos nutricionales, ambas versiones conservan compuestos beneficiosos como polifenoles y otros antioxidantes. Los expertos coinciden en que el proceso de descafeinización no elimina estas sustancias, responsables de gran parte de los efectos positivos del café sobre la salud.
Diversos estudios asocian el consumo tanto de café regular como descafeinado con beneficios similares. Entre ellos se incluyen un menor riesgo de diabetes tipo dos, protección frente a enfermedades hepáticas, renales y cardiovasculares, mejoras en la salud intestinal y un posible efecto protector sobre el deterioro cognitivo, además de una mayor esperanza de vida.
No obstante, cada tipo presenta riesgos particulares. El café regular, por su alto contenido de cafeína, puede provocar ansiedad, palpitaciones, insomnio o malestar digestivo cuando se consume en exceso. El descafeinado, aunque más suave, también puede generar nerviosismo en personas muy sensibles.
Los especialistas subrayan que no existe una opción universalmente superior. Tanto el café regular como el descafeinado pueden formar parte de una dieta equilibrada si se consumen con moderación y sin añadir grandes cantidades de azúcar o cremas. La clave, coinciden, está en ajustar el consumo a las necesidades y tolerancia de cada persona.





















