En el marco del Año Internacional de la Mujer Indígena, el diputado Guadalupe Santana Palma León afirmó que se tiene una “deuda histórica” con los pueblos originarios y las comunidades jornaleras del Valle Hortícola de Sinaloa.
“El país y el estado presumen su diversidad cultural, pero cuando se trata de reconocer derechos y garantizar oportunidades reales, los pueblos originarios siguen enfrentando estigmas, marginación e indiferencia”, expresó el legislador, quien también es médico con más de cuatro décadas de servicio en la sindicatura de Villacuares, Navolato.
Santana Palma León subrayó que, pese a los avances constitucionales en materia de reconocimiento de derechos colectivos, la brecha entre la ley y la vida cotidiana sigue siendo profunda. Citó datos del INEGI que revelan que más del 60% de las personas hablantes de lengua indígena viven en situación de pobreza, y el 28% han sufrido discriminación.
“La exclusión se traduce en rezago educativo, atención médica deficiente y pérdida de garantías laborales”, señaló.
El diputado también denunció las condiciones de precariedad que enfrentan miles de familias indígenas migrantes que llegan a Sinaloa en busca de empleo agrícola.
“Villa Juárez es el corazón productivo del estado, pero también el rostro de la desigualdad. Mientras el campo florece, muchas familias viven entre carencias que no reflejan la riqueza que generan con su esfuerzo”, dijo.
Desde su experiencia médica, compartió que ha acompañado a generaciones enteras que enfrentan enfermedades derivadas de la pobreza y la falta de servicios básicos. “La pobreza que más duele es la que nosotros, como servidores públicos, permitimos cuando no garantizamos lo que por derecho les corresponde: salarios dignos, seguridad social, salud, educación y vivienda”, afirmó.
Santana Palma León hizo un llamado a las comisiones legislativas de Asuntos Obreros, Salud y Educación para que se actúe con firmeza y se construyan políticas públicas que reconozcan a los pueblos originarios no como beneficiarios, sino como actores del desarrollo.
“El respeto no se decreta, se construye con presupuestos, con acciones y con empatía. Reconocerlos no es mirar hacia atrás, es mirar hacia adelante con justicia”, concluyó.






















