El ex príncipe heredero iraní Reza Pahlavi llamó públicamente a las fuerzas armadas y de seguridad de Irán a romper con la República Islámica y unirse a los manifestantes antigubernamentales, en mensajes difundidos el domingo durante un hackeo a la televisión estatal del país.
Durante la interrupción de la señal, se transmitieron videos editados en los que Pahlavi instó a militares y empleados estatales a elegir entre apoyar al pueblo o, en sus palabras, quedar del lado de quienes reprimen a los civiles. El opositor, que vive en el exilio y es hijo del sha derrocado en 1979, advirtió sobre las consecuencias morales e históricas de participar en la represión.
Los mensajes parecían provenir de grabaciones publicadas previamente por Pahlavi en sus redes sociales los días 12 y 13 de enero, las cuales fueron reutilizadas durante el hackeo. En uno de los clips, el ex príncipe afirmó que Estados Unidos respaldaría a los manifestantes, aludiendo a declaraciones recientes del presidente Donald Trump en favor de un cambio de liderazgo en Irán.
La transmisión intervenida incluyó además gráficos en farsi que promovían a Pahlavi como “la voz” de la oposición y aseguraban un supuesto apoyo internacional, tanto de Estados Unidos como de Europa, a las protestas contra el sistema clerical iraní.
Pahlavi dirigió un mensaje directo y urgente al personal militar, recordándoles que, según él, son el ejército nacional de Irán y no de la República Islámica. Les pidió proteger a sus conciudadanos y sumarse cuanto antes a las protestas, afirmando que el tiempo para tomar una decisión se agota.
Durante el hackeo también se difundieron afirmaciones no verificadas que aseguraban que fuerzas de seguridad se estaban retirando de ciudades importantes y que miles de militares habrían depuesto las armas para apoyar al pueblo. Estas versiones no pudieron ser confirmadas de manera independiente.
La televisión estatal iraní reconoció que su señal satelital fue interrumpida brevemente en algunas regiones, aunque aseguró que el problema fue resuelto rápidamente. El episodio ocurre en medio de una ola de protestas nacionales iniciadas a finales de diciembre por la crisis económica, que derivaron en un movimiento contra la República Islámica. Según organizaciones de derechos humanos, la represión ha dejado miles de muertos y detenidos, mientras el gobierno iraní atribuye los disturbios a la intervención de potencias extranjeras.






















