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Viviendas construidas de adobe en Acapulco resistieron sismo de magnitud 6.5

por | Ene 15, 2026

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La organización Cooperación Comunitaria informó que las viviendas construidas con material de la región en diferentes poblados de los Bienes Comunales de Cacahuatepec, en los alrededores del río Papagayo, en la zona rural de Acapulco, durante los últimos dos años, resistieron el movimiento telúrico de magnitud 6.5 registrado el pasado 2 de enero, que tuvo como epicentro el municipio vecino de San Marcos.

En un comunicado, la organización indicó que las viviendas reconstruidas con el sistema reforzado de adobe por familias de las comunidades de Las Cruces y El Cantón no reportaron daños estructurales.

Ello significa, resaltaron promotores comunitarios, que el sistema constructivo utilizado respondió de forma adecuada a los criterios de seguridad, y revirtió la convicción común dentro y fuera de las comunidades, de que el adobe es un material precario.

Isadora Hastings García, representante de Cooperación Comunitaria, recordó que en 2023, después de sufrir daños a causa del huracán Otis, que devastó Acapulco el 25 de octubre de 2023, las familias de Cacahuatepec emprendieron la reconstrucción de sus viviendas y cocinas asesorados por arquitectos y brigadistas de la agrupación a través de capacitación, procesos formativos y participativos basados en conocimientos constructivos tradicionales, así como el uso de materiales naturales y el reforzamiento técnico y estructural.

Hasta la fecha se han reconstruido 24 viviendas y cocinas, de las cuales 11 presentaron afectaciones menores, dos registraron agrietamiento y desprendimiento de revoques, así como desplazamientos y desprendimiento de algunas tejas.

Si bien a primera vista estas afectaciones podrían interpretarse como posibles daños estructurales, no representan riesgos para sus habitantes, de acuerdo con el análisis elaborado por ingenieros de Grupo SAI, quienes asesoran en el proceso y elaboran los análisis estructurales.

Gerson Huerta, director de Grupo SAI, explicó que se trata principalmente de grietas superficiales en los recubrimientos, la caída o desplazamiento aislado de algunas tejas y pequeñas fisuras en la unión entre el adobe y el cerramiento de concreto, que son daños comunes después de un sismo.

Por lo tanto, ninguna de las construcciones resultó afectada estructuralmente, lo que confirma el adecuado desempeño del sistema constructivo, señaló Cooperación Comunitaria, que indicó que los daños detectados pueden corregirse con trabajos sencillos de mantenimiento, sin necesidad de refuerzos mayores ni riesgos para la población.

Isadora Hastings, quien es coordinadora de este proceso comunitario, en el que se involucra a pobladores, expresó que las viviendas son seguras y aptas para seguir habitadas.

Señaló que las reparaciones forman parte de las acciones normales de mantenimiento posteriores a un evento sísmico.

«Las y los habitantes harán reparaciones en aplanados de tierra y tejas mediante el apoyo mutuo, ya que dominan las técnicas constructivas y el mantenimiento, lo que refuerza la autonomía comunitaria, la sostenibilidad del modelo y la eficacia del enfoque participativo».

Recalcó que Cooperación Comunitaria supervisará los procesos de mantenimiento con el objetivo de fortalecer los aprendizajes técnicos de las personas participantes.

Hastings García recordó que estas construcciones reforzadas de adobe ya resistieron el huracán John, categoría 3, ocurrido del 23 al 27 de septiembre de 2024, lo que confirma la eficiencia del sistema constructivo de adobe ante estos eventos, y la capacidad autogestiva de la población para enfrentar daños, en este caso menores.

Cooperación Comunitaria subrayó que la vivienda tradicional, construida de manera participativa y con asesoría técnica, es el único camino efectivo para la reducción del riesgo, porque ofrece una alternativa para aumentar la resiliencia de la población disminuyendo el impacto ambiental.

«El uso de materiales naturales y locales, que además disminuye las emisiones de dióxido de carbono, junto con la participación directa y activa de la población en el diseño y construcción de sus viviendas, a partir de procesos accesibles y comprensibles, reduce la vulnerabilidad ante sismos y fenómenos extremos, y refuerza la capacidad de las comunidades para enfrentar un futuro cada vez más incierto», manifestó la organización.

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