Alemania alcanzó en 2024 un nivel histórico de violencia doméstica, con cerca de 266,000 víctimas registradas, lo que representa un aumento del 3.8% respecto a 2023 y del 17.8% en cinco años. La mayoría de las víctimas siguen siendo mujeres —alrededor del 70%— y ese año se documentaron 286 muertes derivadas de esta violencia, de las cuales 191 eran mujeres y 95 hombres. Las agresiones intrafamiliares también crecieron notablemente, especialmente entre niños de 6 a 14 años.
La ministra de la Familia, Karine Prien, calificó la situación como “dramática”, al subrayar que en Alemania 15 mujeres sufren violencia conyugal cada hora. Según el BKA, factores como el aumento de la criminalidad, el desempleo y la escasez de vivienda pueden influir en el incremento de casos, aunque también se atribuye a una mayor disposición de las víctimas a denunciar. Aun así, se estima que solo el 5% de los incidentes de violencia conyugal llega a conocimiento de las autoridades.
El subregistro se explica, según una investigación del BKA y los Ministerios de la Familia y del Interior, por el miedo, la vergüenza y la dependencia económica o emocional que muchas víctimas mantienen respecto a sus agresores. Esta falta de denuncias dificulta dimensionar plenamente el problema y orientar políticas públicas más efectivas.
Ante este panorama, el gobierno alemán aprobó un proyecto de ley para ampliar el uso de la pulsera electrónica destinada a agresores de violencia doméstica, siguiendo el modelo aplicado en España. Esta herramienta permitiría reforzar la vigilancia y mejorar la protección de las víctimas.
Con este nuevo marco legal, Alemania busca frenar una tendencia creciente de violencia doméstica que afecta gravemente a mujeres, niñas y otros miembros vulnerables de las familias, mientras avanza en estrategias de prevención y apoyo para las víctimas.






















