Un estudio de la Universidad de Oregon sugiere que un gesto cotidiano —acostarse a la misma hora cada noche— podría tener un impacto significativo en la presión arterial. Lejos de dietas estrictas o rutinas intensas de ejercicio, esta investigación plantea que la regularidad en el horario de sueño puede favorecer la salud cardiovascular de manera sencilla y accesible.
El trabajo, publicado en SLEEP Advances y dirigido por Saurabh Thosar y Leandro Campos de Brito, analizó a 11 adultos de mediana edad con hipertensión. Primero observaron sus hábitos de sueño, que solían variar hasta 30 minutos cada noche. Luego, pidieron a los participantes elegir una hora fija para acostarse y mantenerla durante dos semanas, sin modificar la duración del descanso.
Ese ajuste mínimo redujo la variación nocturna a solo siete minutos y produjo descensos clínicamente relevantes en la presión arterial. Durante el día, la presión sistólica bajó en promedio 4 mmHg y la diastólica en 3 mmHg; por la noche, la reducción fue aún mayor, con 5 mmHg y 4 mmHg respectivamente. Aunque parezcan cifras pequeñas, estudios previos indican que una disminución de 5 mmHg puede reducir el riesgo cardiovascular en más del 10%.
La investigación también reveló que la mitad de los participantes alcanzó niveles considerados óptimos, lo que coincide con estudios que vinculan la irregularidad del sueño con un aumento del 30% en el riesgo de hipertensión. Alterar constantemente la hora de dormir desajusta el reloj circadiano, que regula procesos clave como la caída nocturna de la presión arterial.
Establecer una hora fija para dormir parece reforzar estos ritmos internos, permitiendo que el organismo active de forma adecuada la bajada natural de presión durante la noche. Este efecto se detectó mediante monitoreo ambulatorio de 24 horas, la técnica más precisa para evaluar la presión arterial y capaz de captar variaciones que no se observan en mediciones de consultorio.
Aunque el estudio es pequeño y carece de un grupo de control, sus resultados abren la puerta a investigaciones más amplias que podrían incorporar esta recomendación dentro de las guías oficiales de salud cardiovascular. La regularidad del sueño, hasta ahora menos estudiada que su duración, emerge como un factor clave.
Entre las diversas estrategias para controlar la presión arterial, pocas son tan simples, gratuitas y seguras como mantener un horario constante para dormir. Los autores destacan que este hábito puede complementar otros tratamientos y ofrecer beneficios sin efectos secundarios. A veces, sugieren, las soluciones más efectivas no son las más complejas, sino las que han estado siempre al alcance: acostarse a la misma hora podría ser una de ellas.




















