El boxeo vivió una noche de emociones encontradas que combinó lágrimas con aplausos.
La sorpresa fue la derrota del Canelo Álvarez, un golpe que dejó atónitos a sus seguidores y abrió dudas sobre su presente. Vulnerable y desgastado, Saúl elogió con humildad a Crawford, aceptando su lugar como nuevo referente de la división.
Incluso entregó cinturones a su familia en un emotivo gesto, lo que muchos interpretaron como un cierre de ciclo, aunque con tintes de revancha en el aire.
Pero si un ídolo cayó, otro comenzó a brillar. Marco Verde resolvió en apenas tres rounds con un nocaut técnico que encendió al público y confirmó su potencial.
Potencia, velocidad y confianza lo hicieron ver listo para escenarios mayores y rivales de élite.
La velada fue un contraste total: la caída de un gigante y el nacimiento de una nueva esperanza del boxeo mexicano, recordando que en este deporte la gloria y la tragedia conviven en un mismo cuadrilátero.






















