El tifón Ragasa, conocido localmente como Nando, tocó tierra en la provincia de Cagayán, al norte de Filipinas, con vientos sostenidos de más de 267 km/h, equivalentes a un huracán categoría 5. Se trata de la tormenta más fuerte del año hasta ahora, con potencial de afectar a decenas de millones de personas en su paso hacia Hong Kong, Macao y la provincia china de Guangdong.
Las autoridades filipinas emitieron la señal de ciclón tropical más alta, advirtiendo de condiciones “potencialmente muy destructivas” y marejadas peligrosas en las islas Babuyan y Batanes. Más de 10.000 personas han sido evacuadas en el norte y centro de Luzón, mientras se suspendieron clases y actividades laborales, incluso en la capital Manila. Hospitales en Cagayán fueron puestos en máxima alerta.
El fenómeno ha provocado lluvias torrenciales, ráfagas de viento superiores a 315 km/h y olas de más de tres metros, generando riesgo de inundaciones y deslizamientos en el norte de Luzón, donde las precipitaciones podrían superar los 400 mm. Videos difundidos desde la isla de Camiguin muestran el océano azotando viviendas en zonas residenciales.
En Taiwán, el gobierno emitió alertas terrestres y marítimas, suspendió servicios de ferry y cerró senderos naturales, mientras 300 residentes del condado de Hualien fueron puestos en alerta para evacuación. En China, las autoridades anunciaron la reubicación de 400.000 personas en Shenzhen y la suspensión gradual de trenes en Guangdong.
Aunque Filipinas enfrenta varios tifones cada año, los expertos advierten que la crisis climática está intensificando estos fenómenos, haciéndolos más destructivos e impredecibles, y aumentando la vulnerabilidad de las comunidades más pobres. Ragasa se perfila como un ejemplo más del impacto del cambio climático en la región del Pacífico.






















